Home FÚTBOL Europa El barca se vacía y Messi decide ante el Athletic

El Barcelona guardó el altavoz, desconectó el micrófono y agarró el balón. Fue así como terminó de una vez por todas con el ruido y la polémica arbitral. El espectáculo se vio sobre el césped del Camp Nou y no en zona mixta. El Barça estará en cuartos de final. A los malos arbitrajes, buena cara… y mucho Messi.

Al gol mal anulado a Suárez respondió el uruguayo con un precioso tanto de volea. A la sequía y las críticas se rebeló Neymar con un penalti y su ansiado gol desde los once metros. Al gol de Saborit y la complacencia de Gil Manzano se alzó Messi desde el balón parado. Fue Leo, una vez más, el que dijo basta.

La agitación y el conflicto provocado por Piqué sirvió para ver a un Camp Nou en un estado de excitación pocas veces antes visto. Arropó a un Barça que definitivamente no pasa por su mejor momento. Por una razón u otra, el equipo de Luis Enrique ya no recuerda lo que es vivir un partido tranquilo. Una genialidad de Suárez y un regalo de Bóveda habían dejado la eliminatoria de cara pero la fragilidad defensiva volvió a jugar a los azulgrana una mala pasada y obligó a Messi a destapar el tarro de las esencias. El aroma se convierte en un tufo impresionante cuando el balón permanece parado cerca del área.

El Barça salió enrabietado, tapando las dudas futbolísticas con corazón, ímpetu y despliegue físico. Valverde se olvidó de Muniain y Aduriz y su presión adelantada fue tan ambiciosa como fugaz. Encontró el Barça el balón sin el acierto ni la profundidad de tiempos mejores. Ni siquiera eso le hace falta para marcar diferencias.

A los 26 minutos Neymar encontró el espacio y Suárez la definición. Gil Manzano, en el punto de mira, se equivocó en su primera gran decisión. Anuló un gol a todas luces legal. Para añadir más leña al fuego. Para apuntar otro dato en el cuaderno de bitácora de Gerard. En la siguiente nadie pudo echar por tierra el remate del uruguayo. En una volea excelsa a pase de Neymar, Suárez encontró el camino.

La jugada fue un alivio especialmente para el cuestionado Neymar, que pone una mejilla y la otra cuando vienen mal dadas. Nadie puede discutir el compromiso del brasileño, que lo intentó hasta que Bóveda le ofreció una oportuna solución a su falta de acierto. Regaló un penalti que Messi dejó a su compañero. Él lo necesitaba más.

La tranquilidad fue un lujo que pasó de puntillas por el Camp Nou. Cuatro minutos más tarde, Saborit remataba con un gran cabezazo un centro medido de Elustondo. Y vuelta a empezar. De nuevo nerviosismo, dudas y una buena dosis de tranquilizantes mientras el Barça esperaba a que apareciese Leo. En realidad, es como esperar al camarero con la cuenta en un restaurante de postín o visitar el buzón día tras día buscando una multa al intuir un flash mientras volvías a casa del trabajo. Puede tardar un mundo, la espera puede resultar insoportable, pero siempre llega.

La película de siempre

En esta ocasión tardó 79 minutos. Alba, Neymar Suárez… todos o casi todos pasaron por caja y se fueron con las manos vacías. Se acumulaban las oportunidades, aumentaba la incertidumbre. Y entonces llegó el momento. Apareció la falta, la acción a balón parado. La película de siempre, el ‘Pretty Woman’ de navidades, el Roscón del día de Reyes. La estrategia y Messi, Leo y la estrategia. Y se acabó. Iraizoz lo volvió a sufrir. El argentino buscó, una vez más, el lado del portero. Esta vez fue abajo, pegada al palo. Allí brotó un billete hacia cuartos de final. Y a otra cosa.

Neymar rozó el gol de la noche y el Barça tuvo hasta unos minutos de tensa diversión. Fútbol, que es al final de lo que trata todo este tinglado. Así funciona esto, que diría Piqué. Y lo demás, ruido.

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