Home FÚTBOL Europa El Madrid demuestra como ganar un partido de Champions

Fue el Madrid de la Champions, el que surge cuando el balón tiene estrellas, cuando el ambiente está cargado de algo más que de la tensión rutinaria, el de la emoción, garganta sobrecogida, sangre helada pero hirviendo, sublimación en su físico sentido, el que mejores recuerdos deja en la memoria. El Madrid de la Champions reaccionó a un imprevisto temprano, accidente, sobreescritura del guion, un cambio de agujas en la vía sobre la que quería hacer circular el partido.

Insigne lo vio en el lugar equivocado, Keylor lo quiso evitar hasta el último segundo, cual niño que intenta recuperar y acomodar el jarrón entre sus manos después de tirarlo del estante, temiendo la regañina de mamá, de los 80.000 tutores legales que le observaban. No llegó, el balón tocó la red, la baldosa rompió la cerámica. La afición del Bernabéu se llenó de caras que despertaban sobresaltadas en los primeros minutos del sueño, en esos en los que atacan las pesadillas para pillar desprevenido, a contrapié. Como pilló a Keylor.

Antes de aquello Benzema había avisado y Reina había sacado un puño demasiado duro y afianzado para los pocos segundos que habían transcurrido. La leyenda del Karim fallón quería aparecer en un escenario que no le corresponde. La Champions es hábitat del Benzema goleador, seguro, jugón, como si el parche de la competición infiltrase en su piel más que un ligero picor en el brazo. Elevado sobre Albiol, cabeceó a la red un centro con el exterior de Carvajal, reaparecido en el Bernabéu, que suspiró en cada toque del lateral, recordando cada minuto en el que miró al carril del 2 sin encontrar a su dueño natural.

El gol fue maná para el Madrid, clorofila que hizo reverdecer el juego de los blancos. Tocaba Benzema con James, Kroos con Modric, Casemiro en largo, Cristiano con sentido de equipo, James con Kroos, Modric con Benzema, Marcelo con todos, Cristiano de nuevo jugando para el resto. Perdonó Ronaldo en un partido contrario a su ADN, estuvo muy bien sin marcar. Tuvo el segundo Benzema pero estrelló un balón que le hubiera redimido en el palo.

Salió el Madrid del descanso con pincel y rodillo. Cristiano bailó con Koulibaly hasta la linea de fondo, le hizo deslizar sobre el césped como si fuese pista de discoteca, pero le dejó plantado en el paso y se adelantó con el balón. Mirada de vigía de navío que encontró a Kroos, quien se sirvió un vaso de gol con la misma naturalidad y rutina del que llena uno de leche por las mañanas para desayunar. Interior del pie derecho, cuerpo cayendo a contrapeso, bola pegada al palo. Gol de Kroos marca registrada.

El arrebato no acabó ahí y, con un Nápoles atolondrado, Casemiro aunó finura y brutalidad con una volea de museo, de ensueño, de parábola que pinta surco en el aire. Un pelotazo desde la frontal al palo contrario, imparable para Reina. El gol que lucirá junto a su nombre en el repaso de sus gestas cuando sus nietos busquen al abuelo en Internet.

Mertens perdonó el 3-2 y el Nápoles entendió tras un par de sustos blancos que el resultado no era malo. Callejón acolchó ese balón que pudo ser oxígeno redondo para los de Sarri y mandó otro a la red pero en fuera de juego. Lo intentó con ganas pero sin suerte. Su actuación contrastó con la de un Hamsik que se presentaba veleta de su equipo pero que fue superado por vientos de todos lados hasta acabar con la flecha clavada en el suelo, apuntando al césped, desnortado.

Buscó el cuarto el Madrid, intento de despejar el agobio de San Paolo, de prevenir antes que curar. Pero no llegó. La renta es suficiente, el Madrid de la Champions tiene función complicada en la ópera napolitana, pero se sabe el libreto de pe a pa.

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