Home Más Deportes Boxeo Mayweather vs. McGregor: nos están estafando, pero nos gusta

Conor McGregor sabe una o dos cosas sobre derrotar a luchadores supuestamente imbatibles. Pregúntale al brasileño José Aldo, por ejemplo, experto en seis artes marciales distintas, considerado el mejor peso pluma que jamás haya pasado por la UFC y que durante 10 años no supo lo que era la derrota. Hasta que el 12 de diciembre de 2015 el Tigre McGregor le descabalgó del título, de la verticalidad y de la leyenda en 13 segundos.

McGregor le calzó a Aldo -previa patadita de toma de distancia- una zurda de las que te cambian el nombre en el Registro Civil de forma retroactiva. Una zurda de fontanero, embutida en un mitón de 113 gramos, un biquini para nudillos incapaz de amortiguar nada o de dejar a la imaginación toda la potencia que es capaz de desarrollar su Irish Fist. De paso, cuando Aldo se fue al suelo, aprovechó para intentar bordarle en los mofletes sus iniciales a base de hematomas. El árbitro le detuvo cuando iba por la “M”. Esto es importante para entender dónde nos estamos metiendo.

En el otro lado de los deportes de partirle la cara al prójimo, allí donde las piernas sólo sirven para subir escaleras en Philadelphia y nadie tiene pulgares oponibles para agarrar nada, vive Floyd Mayweather. Es, indiscutiblemente, uno de los mejores boxeadores de la Historia. A Mayweather sólo le han preocupado dos cosas en toda su carrera: el dinero y no perder. Tanto, que se ha retirado invicto en dos ocasiones ya y ha vuelto porque le ofrecían billetes como para llenar un balcón-piscina con niño y todo. Tiene 41 añazos y ocho victorias más como profesional. Es el mejor en lo suyo. Punto.

Lo suyo es dominar el tempo del combate, hacerte bailar un lento agarrao cuando lo que tú quieres es un pogo, usar la inercia y el aguante para soportar una cantidad de castigo inhumana y no caer. No ceder. No cansarse. Salir al cuadrilátero a reventarle la boca al de enfrente, pero de tranquis. Y ganar muchísimo dinero.

El combate entre ambas criaturas estaba llamado a ser el loquesea del siglo, ¿no? ¿El noble boxeo contra la eficacia de las artes marciales mixtas? ¿Tradición contra progreso? ¿Un irlandés encebradísimo contra el dios invicto de Las Vegas? ¿Aunque sea jugando con las reglas del boxeo profesional?

¡Qué va! esto es un timo y todo el mundo lo sabe

El primero de los cuatro encuentros (de decirse cosas delante de las cámaras) previos al combate del 26 de agosto nos ha dado todo lo que queríamos. Y más. Bocachanclismo extremo, detalles hasta en el bordado del traje de McGregor (“Fuck you”, decía ahí), y Mayweather tan pasado de rosca que no es que hiciera de menos a su rival: es que hizo de menos hasta a su anterior rival, el pobre Andre Berto, su victoria número 49, la última hasta la fecha. Y Mayweather apareció con una gorra que decía 48 porque le recordaba a combate contra Manny Pacquiao… Que supuso una bolsa de 300 millones y el mayor evento de la historia del pay-per-view y el de Berto, pues no. Di-ne-ro. De eso va todo esto.

Mayweather lo clavó cuando llamó perrete pobre a McGregor: “ganó tres milllones de dólares por su último combate. A mí me dan eso sólo por entrenar”. Dinero. Mucho dinero en juego. Tanto, que hay un guión. Como de blockbuster de verano. En el que va a ganar el “malo”, eso sí. Mayweather se juega su victoria número 50, para retirarse por tercera vez invicto y laureado.

Contra un tipo que jamás ha librado un combate de boxeo profesional.Cuyos instintos le dicen que tire patadas, que clave codos en la cara, que arroje a su rival al suelo y lo convierta allí en un grafiti más. En la UFC, en las artes marciales mixtas, todo funciona así. Gente prácticamente desnuda que utilizarán todo su cuerpo (salvo los dientes) como arma letal u objetivo de la misma (salvo los huevos, los ojos y el pelo).

Da igual que Conor tenga 13 años menos que Floyd y unos 6 centímetros más de alcance en la pegada. No puede ganar con reglas de boxeo. Y lo sabe. Su todopoderosa zurda tiene que esconderse en un guante de 10 onzas, de casi el triple que sus mitones, bien acolchadito, que frene un poquito la transferencia de calcio entre puño y rival. Están diseñados para que gente que puede estar zumbándose durante media hora en vez de pocos minutos no escupa el trozo de cerebro con sus recuerdos de la infancia y el control de los esfínteres sobre la lona. El boxeo no va de matarse. Puede que las artes marciales mixtas tampoco vayan de eso, pero un poco al revés: van de que caigas KO o te rindas antes de que sólo haga falta un poco de arroz para convertirte en morcilla.

Así que Conor McGregor saldrá a dar espectáculo, a perder previsiblemente (las últimas apuestas le dan un 84,6% de posibilidades de victoria a Mayweather), a embolsarse mucho más dinero del que gana por tricotar gente en el octógono y a llevar su carrera a un nuevo nivel: ídolo mundial. Algo que teníamos bastante claro cuando apostamos por él para nuestra portada de mayo. McGregor tiene hechuras de estrella, además de de luchador. Y si su primera superproducción es una pelea contra Mayweather,adelante. Pero que nadie piense que esto es una competición real.

PD: ¿Y si hubiera sido al revés? ¿Y si hubiesen competido en MMA?

¿Un boxeador profesional que desconoce agarres y piernas y suelo contra McGregor? Hay formas más indoloras -aunque puede que no más rápidas- de suicidarse. Y nadie habría puesto mucho dinero en juego por un espectáculo de, digamos, cuatro segundos.

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