Sergio Ramos, capitán leyenda

Con la última Champions suma 18 títulos

Sergio Ramos ha experimentado de un tiempo a esta parte la indescriptible sensación de ser el que levante los títulos del Real Madrid como portador del brazalete que es. Sus brazos han aupado al cielo dos Champions, una Supercopa de Europa y un Mundial de clubes, a la espera de que la Federación entregue la Liga conquistada. Cinco títulos, que se suman a los 13 logrados con anterioridad y que le colocan en una posición de privilegio de cara a ser el madridista más laureado de la historia del club blanco.

Sus números

Quinto madridista que más ha ganado de la historia, está a sólo cinco del líder, Gento
Camacho, con 19, el siguiente que sería superado por el de Camas
Con seis títulos en juego con el Madrid en curso 17/18, el reto de Sergio pasa por batir también a Casillas y Sanchís, que tienen 21.
68 goles lleva el central en sus 12 temporadas con el Madrid. 11 de ellos en Europa.
522 partidos ha jugado el de Camas con la camiseta blanca. Está a tan sólo cinco de Roberto Carlos.
3.988 minutos ha disputado Ramos esta campaña entre LaLiga, la Champions, la Copa, el Mundialito y la Supercopa.
Porque Ramos tiene a tiro poder retirarse con un récord que le elevaría a lo más alto del Olimpo blanco… y por mucho tiempo. Ser el jugador con más títulos en su palmarés como jugador del Real Madrid, sumando los campeonatos de clubes y de selecciones. El capitán ha ganado cuatro Ligas, dos Copas, dos Supercopas de España, tres Champions, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de clubes, además de una otras dos Eurocopas y un Mundial con la selección. Esos 18 entorchados se quedan a cinco del récordman de los laureados, Francisco Gento, con 23.

Teniendo en cuenta que los blancos disputarán el próximo curso seis títulos y que Sergio tiene 31 años, el camero está muy cerca de acabar su carrera, dentro de unos años, porque le queda cuerda para rato, en lo más alto de los campeones blancos. Ramos ha completado 12 temporadas en el Real Madrid por las 18 de Gento. Aunque antes de cazar a Gento, el central debe adelantar antes a Sanchís, con 21, (18 ejercicios) y a su ex capitán, Casillas (21 en 16).

Tanto Ramos como Iker suman tres títulos con la selección a su palmarés con el Madrid que les benefician respecto a sus competidores en este hall of fame, ya que son los únicos de este club que han sido campeones dentro del gran ciclo triunfante de La Roja. Iker sumó nueve títulos en el Madrid antes de la llegada de su viejo compañero de capitanía en 2005. En España, dos Ligas y dos Supercopas; en Europa, dos Champions y una Supercopa, a lo que se suma la Intercontinental del 98.

Sergio, en su momento quizás de mayor plenitud futbolística y de madurez, ha enlazado dos Champions y un doblete (que el Madrid no conseguía desde 1959) en una temporada en la que ha ganado cuatro títulos, lo que le ha valido para adelantar a Camacho y Hierro, por ejemplo, que se quedaron ambos en 17 copas cada uno, y empatar con Chendo, que antes que delegado sumó 18 entorchados (17 temporadas). Cerca de Sanchís e IkerSi el Madrid logra encadenar las dos Supercopas y el Mundial de clubes, igualará a Sanchís e Iker y se quedará a dos de Gento. Un récord más para Sergio, que seguramente incluso antes de retirarse pueda convertirse en Mister títulos blanco.

Sergio está a punto de renovar hasta 2021: confirmado por FlorentinoLa temporada 2017-18 vendrá con un pan debajo del brazo para Sergio Ramos. Está apalabrada su ampliación de contrato con el Real Madrid, como confimó el presidente blanco, Florentino Pérez, durante una reciente entrevista en MARCA. El nuevo vínculo entre el capitán y el club de Chamartín llegará hasta el 30 de junio de 2021, es decir, un año más de lo que tenía firmado en su anterior renovación. El club quiere premiar así su trayectoria y su compromiso para con la entidad madridista, así como su innegable ascendente en el vestuario del equipo madridista, en el que ejerce de líder espiritual.

El rey de Europa

CRISTIANO METE AL MADRID EN SEMIFINALES TRAS UNA PRÓRROGA INCREÍBLE

Uno escucha la música de la Champions y se le vienen a la cabeza imágenes del Madrid levantando copas. Y de Cristiano metiendo goles. Es irremediable. El Rey de Europa sigue camino de otra. No ganó la guerra, pero sí una batalla de época. El Real Madrid-Bayern estuvo muy a la altura de su leyenda. Los blancos vencieron tras una prórroga increíble en la que metieron tres goles, empezando por uno de Cristiano en fuera de juego. Los alemanes ya habían perdido a Vidal, castigado con su segunda amarilla cuando la eliminatoria estaba igualada completamente. Casemiro, mientras, aguantó en el campo. Los cambios de Zidane también acompañaron. Asensio y Lucas fueron aire puro y Marcelo abrió las ventanas. El Bernabéu acabó respirando con los goles de Cristiano, el de siempre.

Fueron tres o cuatro noches seguidas en el Bernabéu. Salió el sol, se metió, volvió a salir y volvió a meterse. El partido duró un mundo, años de tremenda rivalidad entre dos de los gigantes del fútbol europeo. El Bayern venía en desventaja y salió con el pecho por delante. Múnich ya era historia. Forzó la prórroga, a la que se llegó por un gol desafortunado que se metió Sergio Ramos con Lewandowski en posición ilegal.

El encuentro fue un extraordinario intercambio de golpes. Con el polaco, con Isco de mediapunta. El Bayern amenazó por la izquierda, el Madrid lo hizo en oleadas. Un ataque alemán se convertía en peligro para su propio guardameta. Cada oportunidad perdida era una ocasión del Madrid, que tuvo más y mejores que el Bayern.

Resumen de Goles:

Marcelo comenzó salvando el primer gol y Boateng se lo quitó a Ramos poco después de la primera parada de Neuer, a Carvajal. El línea vio su manaza igual de bien que el primer gol de Cristiano en la prórroga.

Si pestañeabas, pasaba algo. Si descansabas, tenías un problema. Nacho y Ramos no dejaron ni botar al polaco Lewandowski, que sólo tuvo una en toda la noche. Pero no falló.

Ya en la segunda parte, Casemiro llegó tarde e hizo penalti. A Robben. No perdonó Lewandowski, que engañó a Keylor sin dejar de mirarle a los ojos. Lo llaman hipnosis y no es un truco.

El gol desactivó al Madrid, que entró en trance. El miedo escénico se apoderó del campeón y la clasificación quedó en el aire. Zidane buscó oxígeno con Asensio y encontró mucho más. No era sólo meter un centrocampista por Benzema, era abrir paso a un chaval con estrella. Quitó todas las dibujadas en el balón.

Y apareció Cristiano. Como en Múnich, como siempre. Otra noche de esas que no deben contar para los ilusos críticos del 7, que empató con un cabezazo de manual. Pero la alegría duró muy poco. Al otro lado estaba el Bayern. Ramos puso el 1-2 en su portería. Y a sufrir.

El tremendo ritmo del partido incluso agotó al árbitro Viktor Kassai, que empezó a tomar malas decisiones con ayuda de sus líneas. Perdonó la segunda amarilla a Vidal, luego a Casemiro y después se la sacó al chileno cuando no la merecía. La roja marcó el camino. Para el Bayern ya no había escapatoria en la prórroga. Xabi Alonso lo comprobó desde la barrera.

El Madrid no se queda fuera
En los 30 minutos de más, el Real Madrid aprovechó su superioridad numérica. También moral. Y que el línea no levantase la bandera. En la última jugada de la primera parte de la prórroga. Ramos al área, Cristiano y se acabó. No la pudo sacar Neuer, que demasiadas había parado en Madrid y en Múnich. Que sepamos no tiene antenas.

El Real Madrid ni siquiera tuvo piedad de su rival. Son ya muchas historias entrelazadas entre los dos y los recuerdos quedan. Marcelo puso el 3-2 en bandeja a Cristiano y Asensio puso el lazo a una prórroga para toda la vida. Y ahí sigue el Rey de Europa, que nunca muere.

Madrid pierde 1-2 contra Valencia. Sigue líder… Aún.

‘Benvinguts a Mestalla’. Era el falso anuncio de la emboscada al líder. El Valencia tendió una trampa al Real Madrid, que salió del vestuario perdiendo por dos goles. El mensaje era un engaño. Como que este Valencia estuviese hace poco mirando a los de abajo. Mestalla encendió la mecha y LaLiga arde.

El Madrid, con un punto de ventaja, contaba con dos comodines. El primero era en Mestalla y, ya saben, la carta tenía detrás la cara del Joker. El Barça sigue a un punto, sí, sólo a un punto. Y puede salir líder del Calderón

En Mestalla se hizo una hoguera y el primero que se quemó fue Varane, retratado en los dos goles que encajaron los de Zidane en un visto y no visto. El Madrid comenzó dormido y el Valencia ya estaba activado. Desde hace unos días. El líder pestañeó dos veces y se lo perdió. A los 5 minutos Zaza se clavó un golazo a la media vuelta con el permiso de Varane, perdido dentro del área. El francés no lo estaba en la siguiente emboscada che, cuatro minutos después. Salió de su sitio y el Valencia pilló al Madrid en un completo desorden. Orellana acabó marcando delante de Keylor. Mestalla era Mestalla. Y el Valencia no era el de diciembre, entre otras cosas porque hace un año no tenía ni a Zaza ni a Orellana.

El Real Madrid perdía 2-0, pero engañaba. Había un incendio, pero allá que fue. Y sin protección. Munir, bajo palos, y Alves, en su lugar, evitaron el gol del líder, que llegó al filo del descanso. Cristiano cabeceó a la red uno de los nuevos planetas que ha descubierto la NASA.

El Valencia disfrutó entre las llamas. Con Parejo como capitán sin brazalete. Con Nani hasta que aguantó. Rompió a Casemiro en un contragolpe y acabó rompiéndose él. Entró Siqueira y fue antes del gol de Cristiano. Ni el descanso apagó el fuego. Van a tener que replantar el césped de Mestalla. Estaba hecho cenizas.

Ni llamando a los bomberos
Al inicio de la segunda parte volvieron las hostilidades. Diez minutos tardó Voro en meter a Carlos Soler por Orellana para recolocar las minas en el camino del Madrid, que encajonó a su rival en los primeros diez minutos. Después hubo de todo. A la hora entró Bale al rescate.

Ni el árbitro, De Burgos Bengoetxea, se salvó de la quema y se le reclamaron penaltis, rojas y algún detalle. El partido se jugó a muchas revoluciones, aunque Parejo le puso pausa cuando le dejaron, que la tarde tampoco estaba para eso. Keylor salvó algún gol. Y Alves, claro. Que cuando ataca el Madrid el portero ve doble.

Zidane acabó gastando sus balas. Metió a Nacho porque Varane no era él y estaba lesionado y la última fue Lucas. Pero ni llamando a los bomberos. La reacción se quedó a medias y el primer comodín ya huele a chamusquina. Aunque tiene otro, que el Madrid siempre puede agarrarse a algo.

El Madrid demuestra como ganar un partido de Champions

Fue el Madrid de la Champions, el que surge cuando el balón tiene estrellas, cuando el ambiente está cargado de algo más que de la tensión rutinaria, el de la emoción, garganta sobrecogida, sangre helada pero hirviendo, sublimación en su físico sentido, el que mejores recuerdos deja en la memoria. El Madrid de la Champions reaccionó a un imprevisto temprano, accidente, sobreescritura del guion, un cambio de agujas en la vía sobre la que quería hacer circular el partido.

Insigne lo vio en el lugar equivocado, Keylor lo quiso evitar hasta el último segundo, cual niño que intenta recuperar y acomodar el jarrón entre sus manos después de tirarlo del estante, temiendo la regañina de mamá, de los 80.000 tutores legales que le observaban. No llegó, el balón tocó la red, la baldosa rompió la cerámica. La afición del Bernabéu se llenó de caras que despertaban sobresaltadas en los primeros minutos del sueño, en esos en los que atacan las pesadillas para pillar desprevenido, a contrapié. Como pilló a Keylor.

Antes de aquello Benzema había avisado y Reina había sacado un puño demasiado duro y afianzado para los pocos segundos que habían transcurrido. La leyenda del Karim fallón quería aparecer en un escenario que no le corresponde. La Champions es hábitat del Benzema goleador, seguro, jugón, como si el parche de la competición infiltrase en su piel más que un ligero picor en el brazo. Elevado sobre Albiol, cabeceó a la red un centro con el exterior de Carvajal, reaparecido en el Bernabéu, que suspiró en cada toque del lateral, recordando cada minuto en el que miró al carril del 2 sin encontrar a su dueño natural.

El gol fue maná para el Madrid, clorofila que hizo reverdecer el juego de los blancos. Tocaba Benzema con James, Kroos con Modric, Casemiro en largo, Cristiano con sentido de equipo, James con Kroos, Modric con Benzema, Marcelo con todos, Cristiano de nuevo jugando para el resto. Perdonó Ronaldo en un partido contrario a su ADN, estuvo muy bien sin marcar. Tuvo el segundo Benzema pero estrelló un balón que le hubiera redimido en el palo.

Salió el Madrid del descanso con pincel y rodillo. Cristiano bailó con Koulibaly hasta la linea de fondo, le hizo deslizar sobre el césped como si fuese pista de discoteca, pero le dejó plantado en el paso y se adelantó con el balón. Mirada de vigía de navío que encontró a Kroos, quien se sirvió un vaso de gol con la misma naturalidad y rutina del que llena uno de leche por las mañanas para desayunar. Interior del pie derecho, cuerpo cayendo a contrapeso, bola pegada al palo. Gol de Kroos marca registrada.

El arrebato no acabó ahí y, con un Nápoles atolondrado, Casemiro aunó finura y brutalidad con una volea de museo, de ensueño, de parábola que pinta surco en el aire. Un pelotazo desde la frontal al palo contrario, imparable para Reina. El gol que lucirá junto a su nombre en el repaso de sus gestas cuando sus nietos busquen al abuelo en Internet.

Mertens perdonó el 3-2 y el Nápoles entendió tras un par de sustos blancos que el resultado no era malo. Callejón acolchó ese balón que pudo ser oxígeno redondo para los de Sarri y mandó otro a la red pero en fuera de juego. Lo intentó con ganas pero sin suerte. Su actuación contrastó con la de un Hamsik que se presentaba veleta de su equipo pero que fue superado por vientos de todos lados hasta acabar con la flecha clavada en el suelo, apuntando al césped, desnortado.

Buscó el cuarto el Madrid, intento de despejar el agobio de San Paolo, de prevenir antes que curar. Pero no llegó. La renta es suficiente, el Madrid de la Champions tiene función complicada en la ópera napolitana, pero se sabe el libreto de pe a pa.

Decepción y vergüenza del Barcelona en Paris

Al Barcelona le “hacen el amor en el día del amor y sin mucha amistad” en una noche oscura y fría en Paris.

El Barcelona sufrió un desamor en esta Champions League en el Parque de los Príncipes. Fue el San Valentín más amargo, se encontró con un PSG voraz y dañino que hizo añicos el fútbol azulgrana. No quedó ni rastro del equipo que una vez fue. Di María, Draxler y Cavani jugaron con los sentimientos de un equipo, el de Luis Enrique, que acabó desolado y con un resultado que le deja con un pie fuera de la competición.

No hubo ni un poco de esperanza entre tanta desilusión. Ni un solo motivo para creer. No aparece en el recuerdo reciente un partido en el que el Barcelona se viese tan claramente superado por su rival. El campo se le hizo enorme sin balón a los de Luis Enrique. Infinito. Sergi Roberto fue una caricatura de lateral, André Gomes aumentó, y con razón, su colección de detractores y únicamente Ter Stegen se salvó de la debacle. Todo ello ante un PSG inmenso, agresivo, con un planteamiento de diez y una ambición sin límites.

Un día más, al Barça le fueron a buscar a su campo. Otra vez el equipo de Luis Enrique no encontró soluciones. Volvió a olvidarse de la presión, y sin eso el Barça defensivamente es frágil, demasiado. Por si no fuera suficiente con eso, Messi completó su peor partido de la temporada. Todo estaba en contra.

Pudo apagar el fuego André Gomes tras un jugadón de Neymar pero el portugués se ganó la condición de persona ‘non grata’ entre el barcelonismo y fue el que salió más chamuscado del incendio padecido en París. Avivó las llamas Draxler, que hizo siempre lo que quiso ante la impotente mirada de Sergi Roberto. El gol, eso sí, llegó por la banda de Alba tras una pérdida de Messi en mediocampo.

Los dos goles se antojaban hasta pocos por lo visto en un primer tiempo sin precedentes. El segundo, por desgracia para los de Luis Enrique, no fue mejor. Entre Rabiot y Matuidi se repartieron el mediocampo y convirtieron al Barça en un equipo pequeño, desesperado y anulado por completo.

Di María se recreó para anotar el tercero frente a la apatía de la defensa azulgrana. El cuarto fue ejemplo de un desajuste de proporciones catastróficas. Meunier, el lateral derecho, salió de un recorte ante Neymar en la presión del brasileño y se paseó por todo el campo hasta llegar a la frontal, allí filtró el pase para Cavani, que no faltó a su cital con el gol.

Un palo para Umtiti

Pudo el Barça encontrar un pequeño consuelo en el tramo final pero los de Luis Enrique se llevaron otro palo, esta vez en un cabezazo de Umtiti debajo de la portería. Y ahí se esfumaron las últimas opciones de remontada.

Fue un abuso, un repaso en toda regla. Un corazón roto en mil pedazos en París, la ciudad del amor. Ni la MSN pudo encontrar consuelo. Fue un prematuro y triste adiós a Europa. Un duro desengaño. Este Barça no está preparado para gobernar en Europa.

Real Madrid, líder total

EL REAL MADRID VENCIÓ EN EL SADAR Y RECUPERA EL PRIMER PUESTO QUE, POR MOMENTOS, TUVO EL BARCELONA

Presión para el Madrid. Porque el Barcelona se había puesto primero en Liga dos horas antes. Y con goleada escandalosa, de esas de las del golpe encima de la mesa. Pero el liderato no se aplaza. Los de Zidane, otra vez en lo más alto.

Presión para el Madrid. Porque los blancos llevaban casi dos semanas sin jugar y porque visitaban El Sadar, un campo siempre incómodo, a pesar del mal momento que atraviesa Osasuna. Y no fue fácil el feudo rojillo. Osasuna es colista, pero dejó buena imagen. Por momentos, incluso inquietó a los de Zidane. Con el 1-1 pudo pasar cualquier cosa. Pero el Madrid es mucho Madrid y le sobra pegada. Tres destellos valieron para decantar el encuentro de su lado. Marcaron Cristiano en la primera mitad e Isco y Lucas Vázquez, ya en la prolongación, en la segunda. Encuentro resuelto.

Presión para el Madrid. Por el aplazamiento del partido de Vigo, por lo dicho, por lo escrito, por cuándo jugarán ante los celestes… Presión para el Madrid. Porque llevaba 82 días sin ganar a domicilio, desde el 22 de noviembre del año pasado. Pero los blancos ya han puesto de nuevo el contador a cero. Victoria a en El Sadar.

13 días sin jugar son unas vacaciones de verano teniendo en cuenta lo apretado del calendario durante la campaña. Al Real Madrid, que venía casi de una ‘pretemporada’, se le atragantó el encuentro. Le costó sacarlo adelante, pero lo llevó a su terreno. Culpa de ello la tuvo Keylor Navas, que respondió con fantásticas paradas a acciones de Sergio León. El atacante de Osasuna, sin duda el mejor de los rojillos, fue un dolor de cabeza. Marcó un golazo, soberbia la vaselina, y pudo hacer alguno más, pero ahí apareció el meta blanco.

Tres centrales desde el inicio

Salió Zidane con tres centrales y Marcelo y Danilo, que se lesionó a falta de media hora, de carrileros, algo que ya había experimentado en Sevilla. Novedad que, visto el resultado, no le salió mal. No jugaron como los ángeles, pero ganaron. Cristiano adelantó al Real Madrid en el 24′. Aprovechó un pase de Benzema para abrir el marcador. Cierto que Sirigu pudo hacer algo más para detener el balón. Pero Osasuna, que ya había sufrido el primer palo con la lesión de Tano, gravísima fractura de tibia y peroné, se repuso de los golpes. Empató el encuentro apenas nueve minutos después.

El mano a mano de Benzema

Y ahí apareció Benzema para tener un mano a mano con Sirigu y poder poner de nuevo por delante al Madrid. O fue un paradón del meta de Osasuna que, ya vencido, estiró la mano en el suelo para desviar el balón o fue demérito del francés, que no acertó a enviar la pelota al fondo de la red. Sea como fuere, el marcador no se movió.

Presión para el Madrid. Porque se marchó al descanso con empate y viendo al Barcelona por encima. Pero los de Zidane volvieron a tirar de pegada. Osasuna sigue colista y sin ganar un encuentro en El Sadar en lo que va de temporada. Por algo será, a pesar de que dejó buena imagen. Lo que no acertaron los rojillos, que tuvieron alguna ocasión tras el descanso, sí lo convirtieron los madridistas. Otra vez Benzema, que estuvo en todas, intentó irse de sus marcadores en el área. No lo logró, pero el balón le cayó a Isco, que definió a la perfección. 1-2 y otra vez líderes. En la celebración cayeron objetos desde la grada y uno impactó en Modric.

La sentencia definitiva la puso Lucas Vázquez ya en la prolongación. El partido estaba visto para sentencia. Era el minuto 93. Antes, Sergio León probó fortuna con un disparo desde la frontal. Pero el final fue el de siempre. Parada de Keylor. Osasuna no sale del pozo. Continúa colista, la salvación se complica y cada vez hay menos tiempo. Pero los rojillos son guerreros. Así que aún les queda mucho que decir. Actitud, como se vio ante el Madrid, no les falta. Y juego, por momentos, tampoco.

Pues eso, presión para el Madrid, tensión, más tensión… Pero el Madrid, valga la redundancia, no entiende de presión. Partido, victoria y liderato. Así, en tres palabras. Y aún sigue con un ‘menos dos’ en encuentros disputados. Los blancos caminan con buen paso.

El Barça se olvida de jugar al fútbol

El barca se ha olvidado de jugar y, sin embargo, gana; a veces hasta le alcanza con el empate para acceder a una final de Copa, como pasó ante el Atlético. Una situación insólita a la que no se acostumbra el barcelonismo, o al menos los seguidores más ortodoxos, que asocian el triunfo al estilo, a una manera singular, incluso virtuosa y perfecta de entender el fútbol, sin reparar en el torneo ni en el escenario, por más que la exigencia aumenta en el Camp Nou. Al Barça se le conoce en el mundo por ganar dobletes y tripletes, no por salvar el año, o ampliar un glorioso palmarés con un título, ni que sea la Copa de Europa.

Al aficionado le cuesta concebir la Copa como un trofeo único sino que forma parte de un plan que incluye necesariamente la disputa de la Liga y la Champions. La Copa, por si sola, evoca tiempos de supervivencia que se remataban con un trofeo ya extinguido y que se llamaba Recopa. Los partidos como el de ayer por la noche sirven para calibrar las aspiraciones del equipo, no para celebraciones, circunstancia que explicaría el disgusto de muchos hinchas a pesar de firmar la clasificación para la final, seguramente en Madrid. Al equipo que se considera y se siente el mejor no se le consiente la mezquindad ni el resultadismo.

La imperfección está mal vista, de manera que cuando el fútbol no fluye muchos barcelonistas se ponen de mal humor y se entregan a un martirio muy culer, incluso después de haber eliminado al Atlético, a la Real y al Athletic. Hay impaciencia en el Camp Nou porque el equipo no rompe a jugar desde que comenzó la temporada y no se sabe si trata de ganar tiempo, está estresado por el calendario y las lesiones o sus disfunciones son tan estructurales que demandan la intervención rápida del entrenador, ahora mismo el único capaz de revertir la situación dada la precariedad del organigrama técnico del Barça.

Luis Enrique ha conseguido que el equipo compita y ha podido trampear la situación porque dispone de Messi. Ocurre que a pesar de tener muy buenos futbolistas, el Barça juega mal o solo juega bien a ratos, tal que fuera un equipo de momentos y de jugadas más que de partidos y de fútbol, incapaz de cuadrar un buen encuentro y en cambio dispuesto a completar uno de malo, como fue el del Atlético. Los rojiblancos sembraron el pánico, incluso con una desventaja de 1-2, síntoma de la desconfianza que provocan los azulgrana en el Camp Nou. Ante un Barça agarrotado, el Atlético fue un equipo liberado en la Copa.

El dominio escénico de los muchachos de Simeone fue tan rotundo como el miedo a perder del Barça. Los azulgrana han dejado de ser a menudo los protagonistas de los partidos y los rivales les atacan porque le adivinan vulnerable, sobre todo en la Liga. El entrenador cambia reiteradamente la alineación, prepara muchos partidos en función de las características de los contrarios y se entrega a ejercicios futbolísticos imprevisibles como por ejemplo el de Villamarín. Más que sorprender al adversario, el Barça se asombra a sí mismo, al punto que hay serias dudas sobre su identidad, agravada por las ausencias de Busquets e Iniesta.

Lesionados sus jugadores bandera, los que dan sentido al modelo, ha presentado tantas caras que no se sabe nada sobre la personalidad del Barça. La sorpresa es que ya no le vale con el tridente, la fórmula del éxito de Luis Enrique. Messi está en forma, Luis Suárez mete goles y a Neymar se le echa mucho en falta cuando no juega como ocurrió ante el Atlético. Así que quizá el problema está en la sala de máquinas, en la línea de centrocampistas, santo y seña del Barcelona. El equipo ha pasado de mimar a maltratar la pelota, el peor de los sacrilegios que se puede cometer en el Camp Nou.

No está en forma Rakitic y los fichajes todavía no se han familiarizado con el solfeo de La Masia. No se explica que el equipo se haya olvidado de cosas que se daban por sabidas, memorizadas y automatizadas, como eran la posesión, la posición y la presión, que permitían controlar el partido, conservar el balón, tener continuidad en el juego y dar sensación de autoridad y jerarquía, nada que ver con el partido disputado contra el Atlético. Los síntomas que dio fueron los de un equipo tieso y turbado, nada fiable, suficiente en cualquier caso para asegurar la clasificación para una final de Copa.

Al Barça no se le perdona, sin embargo, que no juegue bien, ni fuera ni en casa y, además, se le reprocha que se queje de los árbitros porque remite a los viejos tiempos, cuando la Copa y la Recopa simbolizaban la resistencia, nada que ver con la actual abundancia, expresada en Messi. A los azulgrana se les exige la excelencia y ahora mismo se desconoce si la reencontrará como espera Luis Enrique, el técnico que no es esclavo precisamente de la memoria barcelonista sino que vive al día, dispuesto a reinventar el equipo desde unos parámetros no siempre conocidos y nada convencionales en el Camp Nou.

Luis Enrique es hoy un valiente en un escenario de incertidumbre por la tendencia del barcelonismo a auscultarse y preguntarse: ¿es pasajero o grave? Nadie diría en un paisaje normal que el problema lo tiene el Barça y no el Atlético.

Jornada perfecta para el Real Madrid

El fútbol, y sobre todo cuando anda el Real Madrid por en medio, es una montaña rusa. El jueves, tras la eliminación de la Copa en Balaídos, todo era negro. Hoy, todo es blanco. Porque la jornada liguera no le ha podido ir mejor al Real Madrid, que vuelve a poner más tierra de por medio con todos sus rivales. Goleó el Madrid, más líder, y pincharon todos sus perseguidores. No ganaron ni el segundo, ni el tercero, ni el cuarto, ni el quinto… “Mejor, imposible”, señalaban desde el Bernabéu.

La jornada perfecta empezó el sábado a las 16.15, con el empate del Atlético en Mendizorroza. Cuanto más lejos estén los rojiblancos, pesadilla liguera del Madrid en los últimos años, mejor para los blancos. Y los de Simeone ya están a 10 puntos, que pueden ser 13 si el Madrid gana el encuentro aplazado por el Mundial de Clubes, que se disputará el próximo 22 de febrero, en Mestalla. Ese día, fecha de Champions, se puede decidir la Liga.

Porque el Barça, que se acostó ayer a cuatro puntos, puede quedarse a siete si el Madrid hace sus deberes ante el Valencia. Los de Luis Enrique quitaron presión a los de Zidane empatando en el Villamarín ante el Betis. Un 1-1 que en Valdebebas, donde estaban concentrados los jugadores del Madrid, se celebró casi como una victoria propia. Ni el empate de Suárez en el 90′ amargó un poquito el tropiezo culé. De saltar al césped del Bernabéu por detrás del Barcelona a poder acostarse a cuatro, como así fue.

La plantilla, encantada

Y tras los tropiezos del Atlético y el Barcelona… llegó el del Sevilla, que cayó ante el Espanyol por 3-1. Los de Sampaoli podían haberse puesto líderes de haber sumado los tres puntos, pero sucumbieron en el peor momento. Ahora están empatados a puntos con el Barça, pero el Madrid ya se les va a cuatro…

Con estos resultados y tras el triunfo del Real Madrid, normal que la afición saliera del Bernabéu haciendo cuentas y que los futbolistas blancos sientan que tienen la Liga en sus manos. “La Liga depende sólo de nosotros porque si ganamos todos los partidos seremos campeones”, dijo Casemiro nada más acabar el encuentro.”Estamos muy contentos por la victoria porque sabíamos lo que había pasado en la jornada. Ahora toca seguir trabajando porque queda mucho por delante”, añadió Varane, admitiendo que el equipo había disfrutado con la jornada redonda. “Es importante estar cuatro puntos por delante de todos, tenemos que aprovechar y seguir ahí al final para ganar la Liga”, dijo también Kovacic.
Pendientes de la Copa

Pese a la importante renta que tienen, los jugadores del Madrid confían en seguir metiendo distancia con sus perseguidores en las próximas semanas. Y es que no hay mal que por bien no venga, admitía ayer Zidane, y la eliminación copera les va a permitir ahora preparar muy bien los encuentros de Liga mientras que dos de sus principales rivales -Barça y Atlético- pelean en unas durísimas semifinales. “Nos habría gustado estar ahí, pero es el lado positivo y ahora tendremos más descanso”.

El Madrid se desborona

La flor del Real Madrid perdió un pétalo en Balaídos. El Celta rompió el sueño del triplete blanco con un partido de esperanza y desesperación a partes iguales para la afición madridista, que creyó en una nueva machada de los suyos hasta el final y que al mismo tiempo se tiraba de los pelos al ver el desastre organizativo y de combinación que perpetraban los de Zidane. Hasta el último segundo. Ambas cosas.

La alineación dejó abierta una incógnita que el pitido final no fue capaz de resolver. ¿Cómo iba a jugar el Real Madrid? Parece que con tres centrales, con Casemiro como encargado de sacar el balón. Si la decisión fue de Zidane o de los jugadores del Celta, quienes le flotaban como a un mal triplista, está por ver.

Luego está lo de Danilo. ¿De qué jugó? De buscador de redención. En defensa actuaba de lateral; en ataque, de todo. Sabía, desde el partido de ida, que una fotografía de héroe en Balaídos le daría cierto cuartelillo de cara a la afición. Corrió, se multiplicó, lo intentó… pero lo que quedará de él es el gol en propia puerta que condenó al Real Madrid y un despeje a la remanguillé que evitó el último ataque de su equipo que le condenó a él. Definitivamente, no tiene estrella.

El Celta no jugó bien, pero hizo lo que tenía que hacer. Sin llegar a atrincherarse, aguantó las oleadas sin que su castillo de piedra se convirtiese en arena. Soltó un par de embestidas y fueron suficientes. Aprovechó los huecos, gigantescos, de un Madrid desmelenado y desorientado, para fabricar jugadas cerca de la frontal blanca. Y un par de ellas acabaron en la red. Más que suficiente. Aprovechó el paso de un cometa, un día de mala suerte del Madrid. El gol de Danilo y el remate al palo de Cristiano dan fe de ello.

Esa doble ocasión de Ronaldo, travesaño y palo, fue de lo único potable en la primera mitad de un Real Madrid que volvió a acusar la baja de Modric. Nadie quiso poner su nombre a la escritura del solar que dejó huérfano el croata en el centro del campo, incomunicando la defensa y el ataque de un equipo que, con Luka, tiene fibra óptica, y sin él son dos yogures y un hilo. La estrategia del mogollón, la del patio de colegio, no funcionó en Balaídos.

En uno de esos vaivenes del equipo blanco, Nacho se tiró al suelo a por un balón que no se sabe por qué no tocó, el mismo que le cayó a Guidetti en boca de gol, el mismo que Casilla rechazó y el mismo que Danilo, desbocado en una carrera hacia su portería que no llevaba a ninguna parte, introdujo en su red al borde del descanso.

La segunda parte fue exactamente lo que se esperaba, con el Madrid al galope, un galopar torpe, y un Celta que sobrevivía jugada a jugada, ola a ola, pero las ondiñas son propiedad local y las saben navegar bien. Cristiano se desquitó con un latigazo de falta directa a la red y el guión pareció escrito, pero Ramos, en la suya, de cabeza, para encargar otra estatua, la mandó fuera.

Fueron los peores minutos de un Celta que no salía de la cueva, que no sacaba bien el balón y que aún así era capaz de distraer la bola en sus pies un buen rato mientras los rivales se miraban preguntándose a quién le tocaría presionar y quién no estaba colocado en su sitio. Superado sin necesidad de oxígeno ese tramo, cazó la que llevaba esperando todo el partido. Wass dejó malherida la eliminatoria desde la frontal en el 85′ en una gran combinación celeste.

Lucas se empeñó en reanimarla con un gol de cabeza en el 90′, pero el Madrid se autodestruyó en una serie de despropósitos finales. Se apagó el sueño madridista del triplete, un pétalo se secó y deja mácula en la blanca flor.

El Madrid pierde en tres días lo mismo que en todo el año pasado

El Real Madrid nunca remontó un 1-2 en Copa

Del domingo al miércoles el Real Madrid ha igualado el registro de derrotas que tuvo durante todo el año pasado. Los increíbles números de Zidane de 2016, en los que sólo perdió dos encuentros (Atlético de Madrid y Wolfsburgo) ya han sido igualados en apenas 18 días de 2017.

La postrera y dura derrota en el Pizjuán ha cambiado el paso a un Real Madrid que tres días después ha vuelto a perder, en esta ocasión en Copa del Rey ante el Celta.

Dos seguidas

Además, es la primera vez que el Real Madrid dirigido por el técnico francés suma dos derrotas seguidas. El conjunto blanco, entonces con Benítez, acumuló dos partidos seguidos perdiendo el 8 de noviembre de 2015 contra el Sevilla (3-2) y luego, el 21 de noviembre contra el Barça (0-4). El Real Madrid de los 40 partidos sin perder suma dos derrotas consecutivas.

-Diario Marca