El Dakar arranca su cuadragésima edición, la décima en Sudamérica

LIMA. El rally Dakar arranca este sábado su cuadragésima edición, la décima en Sudamérica y a priori una de las más duras de los últimos años por su dificultad, con cinco días de dunas en Perú, otros cinco a más de 3.000 metros de altitud en Bolivia y cinco más en el calor de Argentina y su complicada orografía.

Serán tres partes muy distintas cuyas condiciones extremas pondrán a prueba hasta el límite la resistencia de los 525 participantes inscritos para competir a lo largo de cerca de 9.000 kilómetros, más de la mitad de ellos cronometrados.

Del podio de partida saldrán 337 vehículos, entre ellos 140 motos, 105 coches, unos 50 quads, 42 camiones y 14 vehículos utilitarios todoterreno (UTV), la reciente categoría creada en el rally, a mitad de camino entre los quads y los coches.

Ni bien dejen atrás el podio de salida instalado en Lima, se adentrarán en el mar de pronunciadas dunas que se extienden por la costa peruana que baña el océano Pacífico, cuya arena fina será toda una pesadilla para los corredores por el riesgo de quedarse varados.

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Después subirán al altiplano boliviano, donde el frío y la altura, con tramos de hasta 4.800 metros sobre el nivel del mar, seguirán desafiando la capacidad de los pilotos y de sus máquinas, pues habrá una etapa maratón para todos los corredores, sin asistencia de ningún tipo, tras el día de descanso previsto en La Paz.

La prueba de fuego llegará en Argentina, con la famosa etapa de Súper Fiambalá, uno de los escenarios ya míticos del Dakar desde que llegó a Sudamérica, donde habrá otra etapa maratón solo para motos y quads.

Allí el calor, las pistas rápidas, la arena y los numerosos ríos y barrancos a sortear en su retorcida orografía decidirán quién se sube a lo más alto del podio en Córdoba (Argentina), donde estará la meta.

En coches, los grandes favoritos son nuevamente los cuatro pilotos de la marca francesa Peugeot, que este año correrá su último Dakar y quiere despedirse por lo alto con su tercer título consecutivo y un pleno en el podio como el logrado el año pasado.

Del podio de partida saldrán 337 vehículos, entre ellos 140 motos, 105 coches, unos 50 quads, 42 camiones y 14 vehículos utilitarios todoterreno (UTV), la reciente categoría creada en el rally, a mitad de camino entre los quads y los coches.

Para ello dispondrá de su autodenominado “dream team”, compuesto los franceses Stéphane Peterhansel, ganador en los dos últimos años y acreedor de trece triunfos, seis de ellos en motos y siete en coches; Sébastien Loeb, nueve veces campeón del mundo de rallys; Cyril Despres, cinco veces ganador del Dakar en motos, y el español Carlos Sainz, una vez ganador del Dakar y dos del mundial de rallys.

Sainz, vencedor del rally en 2010, busca resarcirse en su último Dakar con Peugeot de los cinco abandonos consecutivos que ha tenido en los años precedentes, algunos de ellos cuando luchaba por el triunfo final.

Solo un cambio en la reglamentación introducido este año, que equipara el peso de los coches de tracción simple con los de tracción integral puede hacer peligrar la hegemonía de Peugeot y abre el podio a pilotos como el español Nani Roma (Mini), el qatarí Nasser Al-Attiyah y el sudafricano Giniel De Villiers, ambos con Toyota.

El jeque Al-Attiyah saldrá este año con la intención de ser el primer piloto que gana el rally con tres fabricantes distintos, tras haberlo hecho anteriormente con Volkswagen (2011) y Mini (2015).

Las motos se anticipa como una categoría más abierta, de pronóstico reservado, pues si bien parten como favoritos el británico Sam Sunderland, vigente campeón, y el australiano Toby Price, ganador en 2016, hay un amplio ramillete de pilotos al acecho de hacerse un nombre en rally.

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En ese grupo está el austríaco Matthias Walkner, apodado ‘El Nuevo Coma’, pero también el español Joan Barreda, recuperado a tiempo de una lesión, el argentino Franco Caimi y el chileno Pablo Quintanilla, entre otros.

No estará, sin embargo, el portugués Paulo Gonçalves, quien se queda sin tomar la salida del Dakar por una lesión de la última hora y su plaza en el equipo Honda será ocupada por el joven chileno José Ignacio ‘Nacho’ Cornejo.

Con la aspiración de estar al menos entre las primeras quince posiciones de la general estará la motociclista española Laia Sanz, que a bordo de una KTM pretende además sumar su octavo Dakar consecutivo completado.

Este Dakar tendrá además un récord de participación en quads, con medio centenar de cuadriciclos, en su mayoría a manos de pilotos sudamericanos, entre los que destaca el chileno Ignacio Casale, ganador del rally en 2014, y uno de los favoritos para repetir victoria este año.

En camiones, los pilotos rusos de la marca Kamaz son los favoritos para revalidar título, aunque el argentino Federico Villagra tratará de arrebatarles el triunfo en su Córdoba natal, mientras que en los UTV el peruano Aníbal Aliaga tiene posibilidades serias de victoria.

Todos los corredores, ya sea de coches, motos o de otras categorías, coinciden en destacar la particular dureza de esta edición del Dakar, sin un momento para relajarse, pues la posibilidad de cometer un error fatal está presente en todo el recorrido.

Los competidores podrán hacerse una buena idea de las dificultades que les esperan en las dos próximas semanas con la primera etapa, que tendrá 31 kilómetros cronometrados cerca de la ciudad peruana de Pisco, un breve aperitivo para el espectáculo ‘dakariano’ que protagonizarán en los días sucesivos.

Muchos equipos sin palmarés, en playoffs de la NFL

FLOWERY BRANCH, Georgia. El momento más recordado en la historia de los Falcons se remonta apenas al año pasado, cuando perdieron el Super Bowl de una manera insólita. Y Atlanta no es el único equipo en la actual postemporada que tiene en su currículum más penas que éxitos.

Siete de los 12 equipos que siguen con vida en la NFL jamás han celebrado un título del Super Bowl. Se trata de la segunda mayor cifra registrada desde la temporada de 1999.

¿Qué significa esta falta de equipos con rico palmarés en los playoffs actuales? Una anomalía insignificante, responderán los miembros de los equipos que jamás han ganado el gran partido.

“Lo importante es el aquí y el ahora”, manifestó el jueves Adrian Clayborn, defensive end de los Falcons. “El pasado no importa”.

Pero está claro que Pittsburgh, seis veces monarca del Super Bowl, y Nueva Inglaterra, campeón defensor y con cinco títulos en su haber, son los únicos representantes de la “realeza” de la NFL que están en carrera.

Atlanta ha caído en sus dos apariciones en el Super Bowl, incluida la del año pasado, por 34-28. En ese duelo, Tom Brady y los Patriots remontaron una desventaja de 25 puntos en la segunda mitad.

Los Eagles de Filadelfia, que ocuparon el primer puesto de la Conferencia Nacional, tienen también una foja de 0-2 en el Superdomingo, lo mismo que los Panthers de Carolina.

Buffalo y Minnesota son las únicas franquicias que han sucumbido cuatro veces en el Super Bowl y que no tienen un solo título. Desde luego, los Bills merecen una mención especial, por haber perdido el gran partido durante cuatro años consecutivos.

Los Titans de Tennessee, que comenzaron su existencia como los Oilers de Houston, cayeron en su único Super Bowl. Jacksonville ni siquiera ha llegado a esas instancias.

Pero el dueño de los Jaguars, Shad Khan, considera positivo que haya varios equipos en busca de su primera corona.

Destacó la gran demanda de boletos en Jacksonville, una ciudad que se caracterizaba por la baja afluencia de espectadores al estadio. Ahí, los Jaguars recibirán a los Bills en un duelo entre equipos que están rompiendo con largas ausencias en la postemporada.

“¿Pueden imaginar que el boleto más codiciado del fútbol americano está aquí y se vende por cinco o seis veces el valor nominal?”, preguntó Khan. “Nuestro boleto más barato es de 300 dólares, para ver el partido de pie. ¿Pueden creer que esto está pasando en Jacksonville?”

Kansas City, Nueva Orleáns y Los Ángeles ostentan un título cada uno. Pero el de los Rams llegó durante su estadía de dos décadas en San Luis.

Los Chiefs llegaron a dos de las primeras cuatro ediciones del Super Bowl, y se impusieron en 1970. Desde entonces, no han regresado.

En cuanto a los Saints, obtuvieron su único cetro tras la temporada de 2009.

“Una vez que te clasificas, esto está para cualquiera”, insistió Brian Orakpo, linebacker veterano de Tennessee que jugará su primer partido de playoffs el sábado contra los Chiefs, tras una trayectoria de nueve campañas en la NFL. “Sí, los Patriots y los Steelers tienen mucho prestigio y tradición, y hay también equipos jóvenes y nuevos, como el nuestro, que están hambrientos”.

Desde 1990, cuando la NFL adoptó el formato de 12 clasificados a la postemporada, el mayor grupo de equipos que avanzaron sin tener un título de Super Bowl en sus vitrinas se registró hace 18 años. Kurt Warner y los Rams figuraban entre ocho organizaciones que jamás se habían coronado, y superaron a Tennessee en el domingo más importante del año, frenando a los Titans durante la última jugada en la yarda uno.

Las otras ocasiones en que la estructura actual de playoffs incluyó a siete equipos huérfanos de títulos se registraron en 2008 y 1996.

Los Bills están llamando la atención por colarse a los playoffs por primera ocasión desde 1999. Cortaron la mayor sequía de este tipo que estuviera vigente en los cuatro deportes profesionales más populares en Estados Unidos.

Pero a Buffalo se le recuerda todavía por aquellos cuatro años consecutivos de decepción en el Super Bowl, a partir de 1991, cuando Scott Norwood falló un gol de campo que hubiera significado la victoria en los últimos segundos. En los tres años posteriores, cayeron por amplio margen.

“Es tiempo de crear otros recuerdos sobre los Bills”, indicó a The Associated Press Thurman Thomas, corredor miembro del Salón de la Fama, que formó parte de aquellos equipos. “No somos el equipo que fue a los cuatro Super Bowls seguidos. Somos algo más”.

Los Vikings fueron el primer equipo que acumuló cuatro derrotas en el Super Bowl, durante un periodo de ocho años que concluyó en 1976. Jamás han vuelto a llegar tan lejos, perdiendo cinco finales de la Conferencia Nacional, la más reciente tras la campaña de 2000.

El entrenador Mike Zimmer considera importante aprovechar una temporada como ésta, en que Minnesota desafió las expectativas y se ganó el descanso en la primera ronda de los playoffs.

“Muchos jóvenes vienen y esperan que esto ocurra cada año”, dijo Zimmer. “De verdad nunca sabes. La última vez que gané el Super Bowl fue en 1995 (como entrenador asistente), así que ha pasado mucho tiempo”.

Nong Rose con pintalabios, pero con unos puños de acero

Chachoengsao

En el ring, lleva pintados los labios y un sujetador rosa como señas de identidad: la tailandesa Nong Rose, con patadas devastadoras, será la primera boxeadora transexual que peleará en Francia el próximo 6 de enero.

Antes de enfrentarse al campeón de Francia Akram Hamidi, esta adepta del boxeo tailandés se ha preparado para su primer combate en el extranjero en un pequeño pueblo del centro de su país.

Frente a ella, en el entrenamiento, su hermano gemelo encaja los potentes rodillazos de una púgil que pelea en la categoría de menos de 52 kilos.

El boxeo tailandés forma parte del ADN de la familia de Nong Rose: fue su tío, profesional del Muay Thai (el nombre original de esta disciplina) el que dio a conocer a los dos hermanos sus primeras nociones de este deporte cunado ambos tenían ocho años.

“Desde pequeños, hemos tenido la costumbre de pelear… pero ella siempre ha sido más fuerte que yo”, declara divertido Somrak Polchareon, hermano gemelo de Nong Rose.

Para el registro civil, Nong Rose es Somros Polchareon y sigue siendo un hombre, pero ella se siente mujer desde si niñez, aunque esperó a los 14 años para comenzar a vestir ropas femeninas.

Canelo y GGG la pelea del año

Gennady Golovkin conservó la supremacía de los pesos Medianos gracias a su boxeo de siempre y Saúl “Canelo” Álvarez demostró que le podía pelear de igual a igual gracias a su boxeo de siempre.

La batalla más esperada de 2017, felizmente, cumplió con las expectativas positivas y ambos nos regalaron un gran espectáculo. Algo que el boxeo necesitaba y con urgencia.

A excepción de la puntuación de la jueza Adelaide Byrd –que necesariamente nos hace reflexionar si ya es hora de que abandone ese trabajo–, el espectáculo fue toda una fiesta con emociones, con fiesta en la platea, con momentos de alta explosión boxística que hicieron parar de sus butacas a los aficionados y con un resultado que, en cierta forma, premia a ambos peleadores y deja abierta la puerta para una revancha.

LA ESPERADA LUCHA DE ESTRATEGIAS
No era ningún invento utópico. Se esperaba que fuera un choque de estrategias y lo fue. La presión asfixiante por un lado y el volumen de golpeo para Golovkin. La defensa hermética, la espera y el contragolpe del lado de “Canelo”. A partir de esa realidad, se fueron viendo los detalles de cada plan y en ese territorio, por lejos, Eddy Reynoso se llevó los mejores méritos.

Los dos posibles escenarios de GGG, esperar y retroceder para jalar a “Canelo” a su zona o poner presión todo el tiempo, terminaron en esto último. El kazajo fue el de siempre: lento al comienzo hasta entrar en ritmo y a partir del cuarto o quinto round, como es usual, apuró cortando el ring y buscando lastimar al rival.

En lo general, “Canelo” esperó, cuerpeó, se movió hacia laterales y contragolpeó, pero no quedó en eso. Insistió de la manera correcta con los golpes a la zona media de Golovkin. Fue uno de los aciertos de Reynoso, pero hubo otros, como la notoria mejora en la esgrima del tapatío, quien por momentos hizo lucir mal a GGG y demostró un buen campamento previo y seguramente con los sparrings adecuados.

El mexicano fue el primero en ajustar y encontrar su ritmo, por ello, en esos primeros episodios fue más efectivo y le llegó a GGG con buenas combinaciones. Asimismo le vimos otra notoria mejora cuando fue él quien puso presión y le dio velocidad a sus golpes.

Abel Sánchez no tuvo un plan alternativo a esos dos escenarios en los que se mueve Golovkin y muy temprano quedó claro que sería difícil romper la defensa de su rival. Al mismo tiempo debió tomar precauciones ante el contragolpe y la velocidad del tapatío a la hora de soltarlos.

Ese periodo, cuando se llegaron con buena metralla, demostró que la mano de “Canelo” es pesada, pero no tanto (GGG ni se inmutaba con su golpeo), y también demostró que la buena asimilación del mexicano no es un invento, pues soportó todo lo que llegó.

Ambos mostraban pocas huellas del intercambio en los rostros y eso habla claramente de la importancia que la asimilación tuvo en la marcha del combate.

¿QUÉ JUSTIFICA EL EMPATE?
El primer muestreo de las redes sociales sobre la impresión de los aficionados es que a Gennady Golovkin le robaron la victoria. Es normal esperar que así sea.

El kazajo nos llenó las pupilas con su búsqueda incesante del rival, su disposición para acortar y lanzar golpes, por su mayor volumen de golpes lanzados (703-505) y, en general, por la disposición ofensiva, pero, al igual que ocurriera en las batallas donde hay un rival que apremia y otro que se aprovecha de ese apremio para cumplir con su estrategia, “Canelo” fue ese lado egoísta, no por ello carente de inteligencia.

Como lo era Floyd Mayweather Jr., como lo ha sido Rigondeaux. El secreto de aceptar ese tipo de boxeo radica en la perfección con que lo practiquen y “Canelo” lo hizo a la perfección.

El mexicano se desplazó correctamente hacia laterales, enseñó que esperarlo contra las cuerdas no era capitular ante un rival superior, aguantó golpeo, realizó esquives prodigiosos que dejaron mal parado a GGG y respondió en los momentos adecuados y con mayor efectividad que su oponente (33 por ciento a 31).

A ello, sumemos el impecable trabajo de desgaste que realizó sobre la humanidad de Golovkin, a quien le llegaron 44 golpes limpios y potentes a la zona hepática. No por coincidencia el kazajo jalaba aire de manera permanente, no por casualidad debía salivar con insistencia en la esquina y menos tuvo que regular sus embates para cuidarse de los ganchos al hígado.

Quien tenía que atacar lo hizo correctamente y quien tenía que defender también lo hizo correctamente.

Por ello está justificado el empate, porque no hubo mayores diferencias entre uno y otro, porque no cometieron errores, porque se repartieron los impactos de poder y porque, en definitiva, todo terminó en un equilibrio total. Sólo el empate –a mi juicio– salva los méritos de ambos.

LOS INTANGIBLES
Esta pelea traía muchas incógnitas. Había dudas sobre la entrega al espectáculo por parte de Golovkin luego de aquella inoportuna declaración anunciando que se podría retirar luego de este combate. Hubo suspicacias por los errores cometidos en la anterior pelea de “Canelo” contra Julio César Chávez Jr. y hasta había temores de que si la pelea llegaba a la distancia, nos debíamos preparar para otro horror de los jueces de Las Vegas.

Nada de eso ocurrió y por el contrario, ambos peleadores ofrecieron una pelea digna, de mucha entrega y en la que se la jugaron por la victoria.

El resultado en las tarjetas puede llamar a la discusión, especialmente por lo desatinado del conteo en la tarjeta de la jueza Byrd (118-110 para “Canelo”). Dave Moretti la vio favorable a GGG por 113-115 y Don Trella la vio pareja, 114-114.

El único saldo que no cuadra dentro de lo bueno, quizá, haya sido el pobre respaldo del Pago Por Evento con peleas que no fueron dignas de un espectáculo de este tipo (faltaron nombres) y esas últimas declaraciones de “Canelo” Álvarez sobre el resultado de la batalla, que necesariamente le hicieron perder una enorme oportunidad de ganarse a esa enorme cantidad de mexicanos que lo rechazan

El tapatío pudo ser humilde, aceptar el resultado y dejar que los demás le reconocieran el buen trabajo. Pero, se equivocó.

Sin embargo y sin duda, eso es sólo una anécdota.

De este combate se esperaban cosas malas y en general sólo ocurrieron cosas buenas. Luego de los fiascos que nos han vendido en los dos últimos grandes eventos de boxeo en Las Vegas debemos sentirnos felices de que, al menos en esta pelea, nuestros temores fueron infundados.

¿Revancha o no revancha?
En el recuento de los daños, para Gennady Golovkin el empate es un premio. Ni el más optimista de sus fanáticos hubiera esperado que en un final de 12 asaltos le concedieran la victoria. Por el contrario, existía el convencimiento que solo el nocaut le daría la victoria.

Para “Canelo”, el empate es una derrota. El mexicano habló mucho antes sobre su segura victoria y además, se preparó como nunca para conseguir lo que logró. Los rostros de ambos al brindar declaraciones luego de la pelea eran clara muestra de su estado anímico.

GGG, con todas sus diademas en el hombro y una amplia sonrisa. Canelo, frustrado, alegando que fue mejor y hablando en un tono del que, seguramente, luego se arrepentirá. Era el momento de ganarse al público.

La revancha, no hay duda, debe ocurrir. Los dos demostraron que no subieron al ring para ganarse las millonarias bolsas sin trabajar. Se esforzaron, dieron todo lo que tenían y ofrecieron un espectáculo digno. Deben volver a enfrentarse y el boxeo necesita que ellos lo hagan. En ese sentido, hay que darle el crédito a Oscar de la Hoya cuando dijo que esta pelea nos devolvería aquello que pudo perderse en la farsa de Mayweather vs. McGregor.

Es posible que esa revancha, en caso de ocurrir, debamos imaginarla para el mes de mayo de 2018. No obstante, muchas cosas podrían ocurrir hasta entonces.

Por lo pronto, Golovkin, si bien fue menos de lo que se esperaba, fue el de siempre y la calidad de su boxeo ya no deberá ser puesta en duda. En el caso de “Canelo”, confirmó su crecimiento ante quien debía hacerlo, realizó una pelea perfecta y empezó a borrar los claroscuros del pasado como corresponde: en el ring, dando guerra contra los mejores.

Ojalá siga por esa ruta.

Mayweather vs. McGregor: nos están estafando, pero nos gusta

Conor McGregor sabe una o dos cosas sobre derrotar a luchadores supuestamente imbatibles. Pregúntale al brasileño José Aldo, por ejemplo, experto en seis artes marciales distintas, considerado el mejor peso pluma que jamás haya pasado por la UFC y que durante 10 años no supo lo que era la derrota. Hasta que el 12 de diciembre de 2015 el Tigre McGregor le descabalgó del título, de la verticalidad y de la leyenda en 13 segundos.

McGregor le calzó a Aldo -previa patadita de toma de distancia- una zurda de las que te cambian el nombre en el Registro Civil de forma retroactiva. Una zurda de fontanero, embutida en un mitón de 113 gramos, un biquini para nudillos incapaz de amortiguar nada o de dejar a la imaginación toda la potencia que es capaz de desarrollar su Irish Fist. De paso, cuando Aldo se fue al suelo, aprovechó para intentar bordarle en los mofletes sus iniciales a base de hematomas. El árbitro le detuvo cuando iba por la “M”. Esto es importante para entender dónde nos estamos metiendo.

En el otro lado de los deportes de partirle la cara al prójimo, allí donde las piernas sólo sirven para subir escaleras en Philadelphia y nadie tiene pulgares oponibles para agarrar nada, vive Floyd Mayweather. Es, indiscutiblemente, uno de los mejores boxeadores de la Historia. A Mayweather sólo le han preocupado dos cosas en toda su carrera: el dinero y no perder. Tanto, que se ha retirado invicto en dos ocasiones ya y ha vuelto porque le ofrecían billetes como para llenar un balcón-piscina con niño y todo. Tiene 41 añazos y ocho victorias más como profesional. Es el mejor en lo suyo. Punto.

Lo suyo es dominar el tempo del combate, hacerte bailar un lento agarrao cuando lo que tú quieres es un pogo, usar la inercia y el aguante para soportar una cantidad de castigo inhumana y no caer. No ceder. No cansarse. Salir al cuadrilátero a reventarle la boca al de enfrente, pero de tranquis. Y ganar muchísimo dinero.

El combate entre ambas criaturas estaba llamado a ser el loquesea del siglo, ¿no? ¿El noble boxeo contra la eficacia de las artes marciales mixtas? ¿Tradición contra progreso? ¿Un irlandés encebradísimo contra el dios invicto de Las Vegas? ¿Aunque sea jugando con las reglas del boxeo profesional?

¡Qué va! esto es un timo y todo el mundo lo sabe

El primero de los cuatro encuentros (de decirse cosas delante de las cámaras) previos al combate del 26 de agosto nos ha dado todo lo que queríamos. Y más. Bocachanclismo extremo, detalles hasta en el bordado del traje de McGregor (“Fuck you”, decía ahí), y Mayweather tan pasado de rosca que no es que hiciera de menos a su rival: es que hizo de menos hasta a su anterior rival, el pobre Andre Berto, su victoria número 49, la última hasta la fecha. Y Mayweather apareció con una gorra que decía 48 porque le recordaba a combate contra Manny Pacquiao… Que supuso una bolsa de 300 millones y el mayor evento de la historia del pay-per-view y el de Berto, pues no. Di-ne-ro. De eso va todo esto.

Mayweather lo clavó cuando llamó perrete pobre a McGregor: “ganó tres milllones de dólares por su último combate. A mí me dan eso sólo por entrenar”. Dinero. Mucho dinero en juego. Tanto, que hay un guión. Como de blockbuster de verano. En el que va a ganar el “malo”, eso sí. Mayweather se juega su victoria número 50, para retirarse por tercera vez invicto y laureado.

Contra un tipo que jamás ha librado un combate de boxeo profesional.Cuyos instintos le dicen que tire patadas, que clave codos en la cara, que arroje a su rival al suelo y lo convierta allí en un grafiti más. En la UFC, en las artes marciales mixtas, todo funciona así. Gente prácticamente desnuda que utilizarán todo su cuerpo (salvo los dientes) como arma letal u objetivo de la misma (salvo los huevos, los ojos y el pelo).

Da igual que Conor tenga 13 años menos que Floyd y unos 6 centímetros más de alcance en la pegada. No puede ganar con reglas de boxeo. Y lo sabe. Su todopoderosa zurda tiene que esconderse en un guante de 10 onzas, de casi el triple que sus mitones, bien acolchadito, que frene un poquito la transferencia de calcio entre puño y rival. Están diseñados para que gente que puede estar zumbándose durante media hora en vez de pocos minutos no escupa el trozo de cerebro con sus recuerdos de la infancia y el control de los esfínteres sobre la lona. El boxeo no va de matarse. Puede que las artes marciales mixtas tampoco vayan de eso, pero un poco al revés: van de que caigas KO o te rindas antes de que sólo haga falta un poco de arroz para convertirte en morcilla.

Así que Conor McGregor saldrá a dar espectáculo, a perder previsiblemente (las últimas apuestas le dan un 84,6% de posibilidades de victoria a Mayweather), a embolsarse mucho más dinero del que gana por tricotar gente en el octógono y a llevar su carrera a un nuevo nivel: ídolo mundial. Algo que teníamos bastante claro cuando apostamos por él para nuestra portada de mayo. McGregor tiene hechuras de estrella, además de de luchador. Y si su primera superproducción es una pelea contra Mayweather,adelante. Pero que nadie piense que esto es una competición real.

PD: ¿Y si hubiera sido al revés? ¿Y si hubiesen competido en MMA?

¿Un boxeador profesional que desconoce agarres y piernas y suelo contra McGregor? Hay formas más indoloras -aunque puede que no más rápidas- de suicidarse. Y nadie habría puesto mucho dinero en juego por un espectáculo de, digamos, cuatro segundos.

Bravo por Chile

Un gigante eliminó a Portugal y catapultó a Chile a su tercera final de un gran torneo en tres años. Claudio Bravo volvió a elevar a la ‘Roja’ al infinito. Como hiciera ante Argentina para levantar dos Copas América de forma consecutiva, el meta del City, recordman de partidos y títulos en su país, se vistió de héroe para aniquilar a la ‘Seleçao’. Después de venir de una lesión, de perderse los dos primeros partidos, se salió en las semifinales. Hizo una tanda perfecta: frenó a Quaresma, Moutinho y Nani adivinando sus tres chuts. Dos a su derecha y uno a su izquierda. Dio brillo a un 0-0 en el que el equipo de Pizzi tuvo más opciones durante 120 minutos sin tregua.

Portugal y Chile no se dejaron nada. Se vaciaron. El combinado luso y Cristiano corrían y el conjunto sudamericano dominaba. A la ‘Seleçao’ le faltó más profundidad, más empuje. Y a su rival le sobró como siempre. En una jugada loca, Alexis habilitó con un envío medido a Vargas pero Rui Patrício empequeñeció su tiro. Estaba adelantado el punta de Tigres. La respuesta fue una contra que Ronaldo convirtió en un pase que dejó franco a André Silva. Bravo mandó al limbo el tiro del nuevo punta del Milan.

André Gomes se cansó de intentarlo desde el borde del área. No tuvo claridad. Chile y Portugal se zafaron, se pegaron y llenaron de sudor Kazán. Bernardo Silva dejaba detalles, Vidal construía con su fuego el fútbol chileno mientras Alexis y Ronaldo se convertían en asistentes. Dejaron los goles para otro día. Estuvieron presentes en el partido pero no fueron los grandes protagonistas. Esos llevaron guantes en Kazán.

El partido no tenía pausa. Beausejour e Isla eran dos puñales por los laterales. Por la izquierda, encontró a Vidal para que rematara fuera. Cristiano se rebeló con dos latigazos infructuosos: uno lo paró Bravo y otro tocó en Isla antes de irse a córner. El capitán luso lo intentó sin premio. No llegó su gol ni ninguno. Y así se consumió el partido con Chile apostando más que su rival. Nani y Quaresma entraron para dinamitar con su electricidad el partido pero cortocircuitaron. Vargas se inventó un remate acrobático, de semichilena, que Rui Patrício salvó de forma milagrosa. ‘La Roja’ quería. No les faltó la fe ni convicción con la que han construido sus éxitos. Siempre creen y luchan.

En la prórroga, Portugal y Chile se dosificaron pero el combinado de Pizzi aceleró en el último suspiro. Santos y sus hombres se metieron atrás. Fonte pisó a Silva dentro del área en un penalti claro que ni el árbitro ni el VAR señalaron. Mala vista. Alexis cabeceó fuera una ocasión clara. Otro centro lateral que hacía temblar a Portugal. El efecto mandó el balón de dentro a fuera lamiendo el palo. La gran opción llegó en el epílogo. Vidal se topó con el palo y el rechace lo mandó Rodríguez al larguero. Un doble ‘uy’. Chile rozaba el triunfo pero se le resistía. No llegaba a la orilla.

Pero no se ahogó la ‘Roja’. Bravo remó con sus paradas hasta la final. Sus guantes bloquearon a Quaresma, Moutinho y Nani en una tanda de penaltis histórica. Vidal, Aránguiz y Alexis no fallaron. Cristiano se quedó otra vez sin tirar. La Confederaciones ya tiene finalista y su primer héroe. Bravo por Chile.

Omg lm going to celebrate for about a week... The dynasty is backkkkkk

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Asi celebraba David Ortiz la victoria de los Patriots

Así celebro David Ortiz la asombrosa victoria-remontada de los Patriots desde su cuenta de Instagram oficial: