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Canelo y GGG la pelea del año

Gennady Golovkin conservó la supremacía de los pesos Medianos gracias a su boxeo de siempre y Saúl “Canelo” Álvarez demostró que le podía pelear de igual a igual gracias a su boxeo de siempre.

La batalla más esperada de 2017, felizmente, cumplió con las expectativas positivas y ambos nos regalaron un gran espectáculo. Algo que el boxeo necesitaba y con urgencia.

A excepción de la puntuación de la jueza Adelaide Byrd –que necesariamente nos hace reflexionar si ya es hora de que abandone ese trabajo–, el espectáculo fue toda una fiesta con emociones, con fiesta en la platea, con momentos de alta explosión boxística que hicieron parar de sus butacas a los aficionados y con un resultado que, en cierta forma, premia a ambos peleadores y deja abierta la puerta para una revancha.

LA ESPERADA LUCHA DE ESTRATEGIAS
No era ningún invento utópico. Se esperaba que fuera un choque de estrategias y lo fue. La presión asfixiante por un lado y el volumen de golpeo para Golovkin. La defensa hermética, la espera y el contragolpe del lado de “Canelo”. A partir de esa realidad, se fueron viendo los detalles de cada plan y en ese territorio, por lejos, Eddy Reynoso se llevó los mejores méritos.

Los dos posibles escenarios de GGG, esperar y retroceder para jalar a “Canelo” a su zona o poner presión todo el tiempo, terminaron en esto último. El kazajo fue el de siempre: lento al comienzo hasta entrar en ritmo y a partir del cuarto o quinto round, como es usual, apuró cortando el ring y buscando lastimar al rival.

En lo general, “Canelo” esperó, cuerpeó, se movió hacia laterales y contragolpeó, pero no quedó en eso. Insistió de la manera correcta con los golpes a la zona media de Golovkin. Fue uno de los aciertos de Reynoso, pero hubo otros, como la notoria mejora en la esgrima del tapatío, quien por momentos hizo lucir mal a GGG y demostró un buen campamento previo y seguramente con los sparrings adecuados.

El mexicano fue el primero en ajustar y encontrar su ritmo, por ello, en esos primeros episodios fue más efectivo y le llegó a GGG con buenas combinaciones. Asimismo le vimos otra notoria mejora cuando fue él quien puso presión y le dio velocidad a sus golpes.

Abel Sánchez no tuvo un plan alternativo a esos dos escenarios en los que se mueve Golovkin y muy temprano quedó claro que sería difícil romper la defensa de su rival. Al mismo tiempo debió tomar precauciones ante el contragolpe y la velocidad del tapatío a la hora de soltarlos.

Ese periodo, cuando se llegaron con buena metralla, demostró que la mano de “Canelo” es pesada, pero no tanto (GGG ni se inmutaba con su golpeo), y también demostró que la buena asimilación del mexicano no es un invento, pues soportó todo lo que llegó.

Ambos mostraban pocas huellas del intercambio en los rostros y eso habla claramente de la importancia que la asimilación tuvo en la marcha del combate.

¿QUÉ JUSTIFICA EL EMPATE?
El primer muestreo de las redes sociales sobre la impresión de los aficionados es que a Gennady Golovkin le robaron la victoria. Es normal esperar que así sea.

El kazajo nos llenó las pupilas con su búsqueda incesante del rival, su disposición para acortar y lanzar golpes, por su mayor volumen de golpes lanzados (703-505) y, en general, por la disposición ofensiva, pero, al igual que ocurriera en las batallas donde hay un rival que apremia y otro que se aprovecha de ese apremio para cumplir con su estrategia, “Canelo” fue ese lado egoísta, no por ello carente de inteligencia.

Como lo era Floyd Mayweather Jr., como lo ha sido Rigondeaux. El secreto de aceptar ese tipo de boxeo radica en la perfección con que lo practiquen y “Canelo” lo hizo a la perfección.

El mexicano se desplazó correctamente hacia laterales, enseñó que esperarlo contra las cuerdas no era capitular ante un rival superior, aguantó golpeo, realizó esquives prodigiosos que dejaron mal parado a GGG y respondió en los momentos adecuados y con mayor efectividad que su oponente (33 por ciento a 31).

A ello, sumemos el impecable trabajo de desgaste que realizó sobre la humanidad de Golovkin, a quien le llegaron 44 golpes limpios y potentes a la zona hepática. No por coincidencia el kazajo jalaba aire de manera permanente, no por casualidad debía salivar con insistencia en la esquina y menos tuvo que regular sus embates para cuidarse de los ganchos al hígado.

Quien tenía que atacar lo hizo correctamente y quien tenía que defender también lo hizo correctamente.

Por ello está justificado el empate, porque no hubo mayores diferencias entre uno y otro, porque no cometieron errores, porque se repartieron los impactos de poder y porque, en definitiva, todo terminó en un equilibrio total. Sólo el empate –a mi juicio– salva los méritos de ambos.

LOS INTANGIBLES
Esta pelea traía muchas incógnitas. Había dudas sobre la entrega al espectáculo por parte de Golovkin luego de aquella inoportuna declaración anunciando que se podría retirar luego de este combate. Hubo suspicacias por los errores cometidos en la anterior pelea de “Canelo” contra Julio César Chávez Jr. y hasta había temores de que si la pelea llegaba a la distancia, nos debíamos preparar para otro horror de los jueces de Las Vegas.

Nada de eso ocurrió y por el contrario, ambos peleadores ofrecieron una pelea digna, de mucha entrega y en la que se la jugaron por la victoria.

El resultado en las tarjetas puede llamar a la discusión, especialmente por lo desatinado del conteo en la tarjeta de la jueza Byrd (118-110 para “Canelo”). Dave Moretti la vio favorable a GGG por 113-115 y Don Trella la vio pareja, 114-114.

El único saldo que no cuadra dentro de lo bueno, quizá, haya sido el pobre respaldo del Pago Por Evento con peleas que no fueron dignas de un espectáculo de este tipo (faltaron nombres) y esas últimas declaraciones de “Canelo” Álvarez sobre el resultado de la batalla, que necesariamente le hicieron perder una enorme oportunidad de ganarse a esa enorme cantidad de mexicanos que lo rechazan

El tapatío pudo ser humilde, aceptar el resultado y dejar que los demás le reconocieran el buen trabajo. Pero, se equivocó.

Sin embargo y sin duda, eso es sólo una anécdota.

De este combate se esperaban cosas malas y en general sólo ocurrieron cosas buenas. Luego de los fiascos que nos han vendido en los dos últimos grandes eventos de boxeo en Las Vegas debemos sentirnos felices de que, al menos en esta pelea, nuestros temores fueron infundados.

¿Revancha o no revancha?
En el recuento de los daños, para Gennady Golovkin el empate es un premio. Ni el más optimista de sus fanáticos hubiera esperado que en un final de 12 asaltos le concedieran la victoria. Por el contrario, existía el convencimiento que solo el nocaut le daría la victoria.

Para “Canelo”, el empate es una derrota. El mexicano habló mucho antes sobre su segura victoria y además, se preparó como nunca para conseguir lo que logró. Los rostros de ambos al brindar declaraciones luego de la pelea eran clara muestra de su estado anímico.

GGG, con todas sus diademas en el hombro y una amplia sonrisa. Canelo, frustrado, alegando que fue mejor y hablando en un tono del que, seguramente, luego se arrepentirá. Era el momento de ganarse al público.

La revancha, no hay duda, debe ocurrir. Los dos demostraron que no subieron al ring para ganarse las millonarias bolsas sin trabajar. Se esforzaron, dieron todo lo que tenían y ofrecieron un espectáculo digno. Deben volver a enfrentarse y el boxeo necesita que ellos lo hagan. En ese sentido, hay que darle el crédito a Oscar de la Hoya cuando dijo que esta pelea nos devolvería aquello que pudo perderse en la farsa de Mayweather vs. McGregor.

Es posible que esa revancha, en caso de ocurrir, debamos imaginarla para el mes de mayo de 2018. No obstante, muchas cosas podrían ocurrir hasta entonces.

Por lo pronto, Golovkin, si bien fue menos de lo que se esperaba, fue el de siempre y la calidad de su boxeo ya no deberá ser puesta en duda. En el caso de “Canelo”, confirmó su crecimiento ante quien debía hacerlo, realizó una pelea perfecta y empezó a borrar los claroscuros del pasado como corresponde: en el ring, dando guerra contra los mejores.

Ojalá siga por esa ruta.

Mayweather vs. McGregor: nos están estafando, pero nos gusta

Conor McGregor sabe una o dos cosas sobre derrotar a luchadores supuestamente imbatibles. Pregúntale al brasileño José Aldo, por ejemplo, experto en seis artes marciales distintas, considerado el mejor peso pluma que jamás haya pasado por la UFC y que durante 10 años no supo lo que era la derrota. Hasta que el 12 de diciembre de 2015 el Tigre McGregor le descabalgó del título, de la verticalidad y de la leyenda en 13 segundos.

McGregor le calzó a Aldo -previa patadita de toma de distancia- una zurda de las que te cambian el nombre en el Registro Civil de forma retroactiva. Una zurda de fontanero, embutida en un mitón de 113 gramos, un biquini para nudillos incapaz de amortiguar nada o de dejar a la imaginación toda la potencia que es capaz de desarrollar su Irish Fist. De paso, cuando Aldo se fue al suelo, aprovechó para intentar bordarle en los mofletes sus iniciales a base de hematomas. El árbitro le detuvo cuando iba por la “M”. Esto es importante para entender dónde nos estamos metiendo.

En el otro lado de los deportes de partirle la cara al prójimo, allí donde las piernas sólo sirven para subir escaleras en Philadelphia y nadie tiene pulgares oponibles para agarrar nada, vive Floyd Mayweather. Es, indiscutiblemente, uno de los mejores boxeadores de la Historia. A Mayweather sólo le han preocupado dos cosas en toda su carrera: el dinero y no perder. Tanto, que se ha retirado invicto en dos ocasiones ya y ha vuelto porque le ofrecían billetes como para llenar un balcón-piscina con niño y todo. Tiene 41 añazos y ocho victorias más como profesional. Es el mejor en lo suyo. Punto.

Lo suyo es dominar el tempo del combate, hacerte bailar un lento agarrao cuando lo que tú quieres es un pogo, usar la inercia y el aguante para soportar una cantidad de castigo inhumana y no caer. No ceder. No cansarse. Salir al cuadrilátero a reventarle la boca al de enfrente, pero de tranquis. Y ganar muchísimo dinero.

El combate entre ambas criaturas estaba llamado a ser el loquesea del siglo, ¿no? ¿El noble boxeo contra la eficacia de las artes marciales mixtas? ¿Tradición contra progreso? ¿Un irlandés encebradísimo contra el dios invicto de Las Vegas? ¿Aunque sea jugando con las reglas del boxeo profesional?

¡Qué va! esto es un timo y todo el mundo lo sabe

El primero de los cuatro encuentros (de decirse cosas delante de las cámaras) previos al combate del 26 de agosto nos ha dado todo lo que queríamos. Y más. Bocachanclismo extremo, detalles hasta en el bordado del traje de McGregor (“Fuck you”, decía ahí), y Mayweather tan pasado de rosca que no es que hiciera de menos a su rival: es que hizo de menos hasta a su anterior rival, el pobre Andre Berto, su victoria número 49, la última hasta la fecha. Y Mayweather apareció con una gorra que decía 48 porque le recordaba a combate contra Manny Pacquiao… Que supuso una bolsa de 300 millones y el mayor evento de la historia del pay-per-view y el de Berto, pues no. Di-ne-ro. De eso va todo esto.

Mayweather lo clavó cuando llamó perrete pobre a McGregor: “ganó tres milllones de dólares por su último combate. A mí me dan eso sólo por entrenar”. Dinero. Mucho dinero en juego. Tanto, que hay un guión. Como de blockbuster de verano. En el que va a ganar el “malo”, eso sí. Mayweather se juega su victoria número 50, para retirarse por tercera vez invicto y laureado.

Contra un tipo que jamás ha librado un combate de boxeo profesional.Cuyos instintos le dicen que tire patadas, que clave codos en la cara, que arroje a su rival al suelo y lo convierta allí en un grafiti más. En la UFC, en las artes marciales mixtas, todo funciona así. Gente prácticamente desnuda que utilizarán todo su cuerpo (salvo los dientes) como arma letal u objetivo de la misma (salvo los huevos, los ojos y el pelo).

Da igual que Conor tenga 13 años menos que Floyd y unos 6 centímetros más de alcance en la pegada. No puede ganar con reglas de boxeo. Y lo sabe. Su todopoderosa zurda tiene que esconderse en un guante de 10 onzas, de casi el triple que sus mitones, bien acolchadito, que frene un poquito la transferencia de calcio entre puño y rival. Están diseñados para que gente que puede estar zumbándose durante media hora en vez de pocos minutos no escupa el trozo de cerebro con sus recuerdos de la infancia y el control de los esfínteres sobre la lona. El boxeo no va de matarse. Puede que las artes marciales mixtas tampoco vayan de eso, pero un poco al revés: van de que caigas KO o te rindas antes de que sólo haga falta un poco de arroz para convertirte en morcilla.

Así que Conor McGregor saldrá a dar espectáculo, a perder previsiblemente (las últimas apuestas le dan un 84,6% de posibilidades de victoria a Mayweather), a embolsarse mucho más dinero del que gana por tricotar gente en el octógono y a llevar su carrera a un nuevo nivel: ídolo mundial. Algo que teníamos bastante claro cuando apostamos por él para nuestra portada de mayo. McGregor tiene hechuras de estrella, además de de luchador. Y si su primera superproducción es una pelea contra Mayweather,adelante. Pero que nadie piense que esto es una competición real.

PD: ¿Y si hubiera sido al revés? ¿Y si hubiesen competido en MMA?

¿Un boxeador profesional que desconoce agarres y piernas y suelo contra McGregor? Hay formas más indoloras -aunque puede que no más rápidas- de suicidarse. Y nadie habría puesto mucho dinero en juego por un espectáculo de, digamos, cuatro segundos.